Habían comenzado su relación de
la manera más natural posible. Aunque, inconscientemente, tenían impregnada la idea de quedar en el recuerdo del otro, sin saber cómo, ni con
cuál pretexto, sólo quedar.
A mitad de camino, ellos habían
discutido sobre el futuro y su permanencia juntos. Cada uno escuchó, en
silencio, lo que el otro tenía que decir. En algunas ocasiones se
interrumpieron para hacer preguntas puntuales sobre la verdad y el respeto
porque era absurdo discutir por algo que ya se ha roto.
Siguieron el camino, pero en un
punto se detuvieron, desenlazaron sus manos, despegaron sus cuerpos y, con la
náusea encima, sus vidas.
Ella le pidió que se marchara
primero y le hizo creer que tomaría el otro lado pero, a los pocos metros de
andar, se detuvo para mirar atrás: como una especie de ensueño, recordó los
mejores momentos de un futuro que ella creyó tener y su alma siguió con él.
Pinturas hiperrealistas de Matt R. Martin






