miércoles, 21 de diciembre de 2016

Se predice el final

Habían comenzado su relación de la manera más natural posible. Aunque, inconscientemente, tenían impregnada la idea de quedar en el recuerdo del otro, sin saber cómo, ni con cuál pretexto, sólo quedar.


A mitad de camino, ellos habían discutido sobre el futuro y su permanencia juntos. Cada uno escuchó, en silencio, lo que el otro tenía que decir. En algunas ocasiones se interrumpieron para hacer preguntas puntuales sobre la verdad y el respeto porque era absurdo discutir por algo que ya se ha roto.


Siguieron el camino, pero en un punto se detuvieron, desenlazaron sus manos, despegaron sus cuerpos y, con la náusea encima, sus vidas.


Ella le pidió que se marchara primero y le hizo creer que tomaría el otro lado pero, a los pocos metros de andar, se detuvo para mirar atrás: como una especie de ensueño, recordó los mejores momentos de un futuro que ella creyó tener y su alma siguió con él.


Pinturas hiperrealistas de Matt R. Martin 

martes, 12 de enero de 2016

Despedida



Antes de que todo esto termine permíteme decir algo más. Yo entiendo que tengas que marcharte, esto no tiene vuelta atrás y lo sabíamos,  pero, a pesar de todo, me gustó no ser una persona normal a tu lado.

― ¿Persona normal? Pero si tú siempre fuiste una persona normal. No entiendo de qué hablas…


―No, no lo fui, porque una persona enamorada no es una persona normal. 


Ella




Ella no era la típica mujer convencional. Es mas, detestaba esa palabra. Sin embargo, creía en las buenas acciones, en darle a todos su mejor sonrisa y su mejor trato. Nunca tuvo una mala percepción de alguien y, aun así, no se atrevía a confiar a ciegas. Ella era contradictoria, pero a la vez tan frágil y bella. La amé, ¡claro que la amé! Y es posible que aun la ame. Es de esas pocas mujeres que te dejan ese "no se qué" para el resto de tus días. Si se cruzara en mi camino ¡si tan solo volviera a verla! Me volvería a enamorar de la vida.



Sigo apostando a ti




Para la novia más bella que nunca imaginé tener:

Sé que has estado un poco tensa en estos días, pero, tranquila, no pienso quitarte mucho tiempo. Sólo quiero que leas estas breves palabras que he escrito para ti. Debes saber, en principio, que no te olvido y que te llevo siempre conmigo.

Sigo apostando a ti, querida mía ¡Sí, así como lo lees! No me importa lo que la gente diga sobre ti. Yo no me canso de pensarte en mi futuro. Eres la base, la columna principal y la fuente de inspiración de todos mis planes.

Seguir tus pasos y verte crecer con fuerza es lo que necesito para no rendirme y mirar hacia adelante. Hay veces en las que, incluso, puedo escuchar tu voz gritándome: “no me dejes”, “lucha por mí”, “te necesito”. Y aquí estoy. Aquí sigo. Aquí quiero continuar. No es mi intención juzgar a los otros que te han dejado, pero sí quiero ser ese novio tuyo que lucha con ganas, que sale día a día a darlo todo por verte bonita y radiante, porque sé muy bien que cada día es una nueva oportunidad para ser mejor. Debes saber, además, que como yo están muchos más. Por eso te pido que no decaigas, mantente en alto, seguimos creyendo en ti a pesar de ti misma.

Eres un amor eterno: nunca sabemos cómo nos llegó, pero más que un recuerdo hermoso de ti queremos es vivirte con ganas. ¡Claro que queremos salvarte! Así será, mi bella y hermosa Venezuela.

Quiero que dejes de ser  esa novia a la que muchos dejan, para convertirte en aquella cuna llena de gracia que acoge a todos por igual. Así te conocí y así pienso recuperarte. No te rindas. No me falles que aquí sigo.

¿No se trataba de sentir?




-¿No se trataba de sentir? Pues siento. Cada punto de mi cuerpo se quema. 
¿No quería sentir molestia? Pues la siento. Me ubico en un escalón menos que el ser más miserable de esta tierra.
¿No se trataba de sufrir? Pues por ti sufro. Pero lo peor es lamentarme por mi y mi condición de la amante estúpida y sumisa.
¿No se trataba entonces de abrir mi corazón? Pues lo abrí. De ahí han nacido los peores dolores del alma, por confiar y creer en algo que no está. 
Duele entonces sentirse solo, desamparado, desesperanzado y vacío.
¿No quería yo culparme de las cosas? Pues soy la única culpable. Mi condena ha sido aferrarme a este dolor para sentirme viva.